Soy un maestro
Nací en el instante que surgió una pregunta de la boca de un niño.
He sido muchas personas en muchos lugares.
Soy Sócrates animando a los jóvenes a descubrir nuevas ideas a través de las preguntas.
Soy Esopo y Christian Andersen revelando la verdad por medio de innumerables narraciones.
Soy Marva Collins peleando por el derecho de los niños a la educación.
Soy Bel Kaufman luchando por ir a contra corriente.
Soy también aquellos cuyos nombres y rostros se han olvidado hace mucho tiempo, pero cuyas lecciones y carácter se recordarán siempre en los logros de sus alumnos.
En el transcurso de un día se me ha pedido ser actor, amigo, enfermero y médico, entrenador, buscador de objetos perdidos, prestamista, psicólogo, padre sustituto, vendedor, político y defensor de la fe.
Dejando a un lado los mapas, planos, fórmulas, verbos, historias y libros, no he tenido en realidad nada que enseñar porque mis estudiantes han aprendido por sí mismos y sé que se necesita el mundo entero para decirte quién eres.
Soy una paradoja. Hablo más alto cuando escucho más. Mis grandes regalos son los que quiero recibir, agradecidamente, de mis alumnos.
La riqueza material no es una de mis metas, pero soy un buscador de tesoros a tiempo completo, buscando nuevas oportunidades para que mis estudiantes puedan usar sus talentos, buscando constantemente talentos que a veces yacen enterrados en la autoderrota.
Soy el más afortunado de quienes trabajan.
A un médico se le permite traer una nueva vida en un momento mágico. A mí se me permite ver que esa vida renazca día a día con nuevas preguntas, ideas y amistades.
Un arquitecto sabe que si se construye con cuidado, su estructura puede permanecer por siglos. Un maestro sabe que si se construye con amor y verdad, lo que construya durará para siempre.
Soy un guerrero que lucha diariamente contra la presión de los amigos, de la negatividad, del temor, de la conformidad, de los prejuicios, de la ignorancia y de la apatía. Pero tengo grandes aliados: la inteligencia, la curiosidad, el apoyo de los padres, la individualidad, la creatividad, la fe, el amor y la risa, todos ellos me ayudan a levantar mi bandera con su apoyo insuperable.
¿Y a quién tengo que agradecer esta maravillosa vida que tengo la suerte de experimentar, sino a ustedes, los padres?
Porque me han concedido el gran honor de confiarme su mayor contribución a la eternidad: sus hijos.
Y de esa manera tengo un pasado rico en recuerdos. Tengo un presente desafiante lleno de aventuras y entretenimiento, porque se me permite emplear mis días en el futuro.
Soy un maestro...y, por eso, doy gracias a Dios todos los días.John W. Schaltter.



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