4 de Septiembre "Día del Inmigrante"
La apertura hacia la llegada de habitantes de todo el mundo fue uno de los principales argumentos que esgrimió nuestra pujante nación en los años posteriores a su nacimiento. Hoy, tras dos siglos de constante inmigración, podemos afirmar con orgullo que en la Argentina conviven en armonía las más diversas colectividades de todo el planeta.
"Gobernar es poblar", sostuvo con firmeza Juan Bautista Alberdi -uno de los forjadores de la Argentina moderna- convencido de que la consolidación de las extensas fronteras de nuestro país requería de numerosos habitantes para los amplios espacios aún sin poblar. Para construir una Argentina integrada al mercado mundial se requirieron numerosas cantidades de personas, que en su mayoría llegaban de Europa.
En sus raíces más profundas, la Argentina que llegó a ser considerada granero del mundo se ha nutrido del trabajo, el esfuerzo y las esperanzas de miles de inmigrantes, provenientes de los más recónditos y variados lugares del mundo.
No hay dudas de que la inmigración está presente en la historia nacional casi desde los comienzos de nuestra conformación como nación libre e independiente, y es importante rescatar de aquella experiencia la capacidad de construir un país abierto al hombre de trabajo, sin importar su origen, raza o religión.
Aunque la distancia entre aquella sociedad promisoria que vivieron nuestros abuelos y bisabuelos y la actual es muy grande, una fecha tan significativa como la de hoy siempre es propicia para reafirmar la convicción de que todos los trabajadores, inmigrantes o no, deben gozar de los mismos derechos y obligaciones, garantizando la igualdad de oportunidades en el marco de las normas legales vigentes. Así lo pide S.S. Juan Pablo II, en su encíclica Laborem Exercens: "Lo más importante es que el hombre que trabaja fuera del país natal, como emigrante o como trabajador temporal, no se encuentre en desventaja respecto de los demás trabajadores de aquella sociedad. La emigración por motivos de trabajo no puede convertirse de ninguna manera en ocasión de explotación financiera o social. En lo referente a la relación del trabajo con el trabajador inmigrado, deben valer los mismos criterios que sirven para cualquier otro trabajador en aquella sociedad. El valor del trabajo debe medirse con el mismo método y no en relación con las diversas nacionalidades, religiones o razas. Con mayor razón, no puede ser explotada una situación de coacción en la que se encuentra el emigrado. Todas estas circunstancias deben ceder absolutamente, frente al valor fundamental del trabajo, el cual está unido con la dignidad de la persona humana."
Cada 4 de septiembre, en la Fiesta Nacional del Inmigrante, todas estas colectividades muestran lo característico de cada una de ellas: sus casas típicas, comidas, trajes, bailes, música, artesanías, etc. Esto es posible gracias a la convivencia de las nacionalidades, sustentada principalmente en un profundo respeto por las diferencias.
EL ABUELO
El abuelo un día cuando era muy joven
allá en su Galicia, miró el horizonte
y pensó que otra senda tal vez existía.
Y al viento del norte que era un viejo amigo,
le habló de su prisa, le mostró sus manos
que mansas y fuertes, estaban vacías,
y el viento le dijo: "Construye tu vida
detrás de los mares, allende Galicia".
Y el abuelo un día en un viejo barco
se marchó de España. El abuelo un día,
como tantos otros, con tanta esperanza.
La imagen querida de su vieja aldea
y de sus montañas se llevó grabada
muy dentro del alma, cuando el viejo barco
lo alejó de España.
El abuelo un día subió a la carreta
de subir la vida. Empuñó el arado,
abonó la tierra y el tiempo corría.
Y luchó sereno por plantar el árbol
que tanto quería. Y el abuelo un día
lloró bajo el árbol que al fin florecía,
lloró de alegría cuando vio sus manos,
que un poco más viejas no estaban vacías.
Y el abuelo entonces, cuando yo era niño,
me hablaba de España, del viento del norte,
de la vieja aldea y de sus montañas.
Le gustaba tanto recordar las cosas
que llevó grabadas muy dentro del alma,
que a veces callado,sin decir palabra,
me hablaba de España.
El abuelo un día, cuando era muy viejo,
allende Galicia. Me tomó la mano
y yo me di cuenta que ya se moría.
Y entonces me dijo, con muy pocas fuerzas
y con menos prisa, "prométeme, hijo,
que a la vieja aldea irás algún día,
y al viento del norte dirás que su amigo,
a una nueva tierra le entregó la vida.
Y el abuelo un día se quedó dormido
sin volver a España. El abuelo un día,
como tantos otros, con tanta esperanza.
Y al tiempo al abuelo lo vi en las aldeas,
lo vi en las montañas, en cada mañana
y en cada leyenda, por todas las sendas
que anduve de España". Letra y música: Alberto Cortez



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